Prof.ª y autora DAGMAR GONÇALVES PEREIRA FERREIRA
TRABAJO FINAL
Curso: NUEVAS TECNOLOGIAS III, IV Y V.
Profª.: Belén García Llamas
CULT – Central Universitária de Língua e Tradução
Pós-Graduação Universidade Estácio de Sá
ya no le fue posible porque la enfermedad la incapacitó. Terminó "escondida" en una clínica madrileña.
areja increíble es la formada por el cabiloso, intelectual, joven ambicioso y bello Octavio Paz y su esposa casi niña -niña terrible- Elena Garro, que en sus recuerdos de su experiencia compartida en la aventura de la Guerra Civil española no deja títere con cabeza. Esa sí que no se dejó, -al menos del todo-, aunque su afán persecutorio contra Paz también denota una especie de fanática dependencia muy a su pesar.
un atractivo escritor que no dejó nunca a su esposa, la fea de las hermanas Ocampo, la dulce Silvina, gran poetisa y gran víctima de una relación en la que tenía todo que perder.
ado mucho en este blog de ella y de otras mujeres que sacrificaron su identidad por la presión social. En la revista electrónica "Los Insistentes" hay un artículo dedicado a este interesantísima dramaturga. Si alguien quiere leer sobre esta historia antigua como el mundo y desdichada y absurda como pocas, que no deje de pinchar sobre los enlaces.Ay del viejo dogma castrador que obligaba a las mujeres brillantes y hermosas a ser "perfectas" a la medida de su gran hombre: son compañeras revolucionarias; amantes complacientes; orientadoras de la vocación literaria; musas si toca; secretarias de la correspondencia diaria; cocineras improvisadas; cornudas pacientes más o menos resignadas y terapeutas en los momentos "de bajón" de sus maridos ilustres.
mundo en binomio no puede faltar el odio, el rencor de clase y los celos profesionales. Esta relación, más fiel que muchas pasiones amorosas, se llevó por delante los principios de belleza y de lealtad de dos poetas magníficos. Esta es una historia que muestra en su máxima expresión cuán fuerte es el lazo que ata a dos por la envidia y la vanidad. Pablo Neruda y Vicente Huidobro fueron campeones del ego que excluye cualquier discusión a su liderazgo. Neruda quiso ser siempre el "poeta del pueblo", un demiurgo comunista aclamado por las masas. Su amor al proletariado no excluía su amor a los focos y a la gloria. Y Vicente Huidobro, un autoproclamado descendiente del Cid Campeador que fue a parar a ese mundo austral, era el exponente, para Neruda, de aquellos dueños de salones literarios donde jamás se admitiría como un igual a este tal Neftalí Reyes Basoalto, un pobre, provinciano poeta de una región del sur.
¡Qué bajezas, maldades, mezquindades, hay en los insultos de Neruda y en el desprecio de clase de Huidobro! Parece ser que Vicente sentía un profundo desdén por un joven que discutía su liderazgo, alguien, por si faltaran motivos, de procedencia social humilde. Un poeta que buscaba la música de los astros como Huidobro no entendió más que como poesía barata de consumo los poemas de amor nerudianos, tan llenos de sudor, lágrimas, sentimentalismo y procurada fealdad.
hermanos Machado, esa representación fraternal que nunca fue el símbolo de las dos Españas, -por más que nos lo hicieran creer-, nos muestran otro tipo de amor. Si miráis el material que os dejo, veréis qué absurda guerra y cuánta manipulación histórica pesa sobre nuestros hombros. Esperemos que los estudios que vendrán limpien este patio nuestro de "buenos " y "malos". En esta historia entre hermanos, parece claro que hay dos seres entrañables y leales que nunca dejaron de quererse, incluso cuando la vida los separó. Tal vez haya que olvidar todo lo que se ha escrito en esos bienpensantes libros de nuestro bachillerato de la transición política, o mejor que olvidarlo, anotar sus requiebros manipuladores, tanto desde la derecha - en un tiempo-, como desde la izquierda en los años que siguieron a la Dictadura. En fin, recreaciones políticas interesadas que desfiguran la obra y la esencia de los Machado, algo que los hermanos poetas no merecen.
Cómo iban a tomárselo en serio, ellos eran poetas sensibles con la tradición popular y las reivindicaciones proletarias, sí, pero también miembros de una misma clase; cómplices en maneras sociales, en códigos de urbanidad.